
Ay, querido compañero, confirmas la tradición hipócrita que nos caracteriza: odiado enemigo cuando muere ¡qué bueno era!
Cuando llegues al Parnaso merecido y amigo, siéntate un rato y sonríe. Lejos ya del dolor y de las puñaladas, donde no llega el cinismo ni la mala leche por más que lo intenten. Sonríenos con tu gesto tranquilo y bondadoso que nos cubra a todos, incluso a los que no paraban de ningunearte el éxito y la educación, sin éxito alguno. ¡Pobrecillos! A ellos no les habrá cantado nadie a pesar de sus colecciones inmensas y muertas de premios.
Un abrazo,
Javier Auserd.
Hagámos un trato.
Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
ni hasta diez
sino contar
conmigo.
Si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar conmigo.
Si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo.
Pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe
que puede
contar conmigo.
c) Mario Benedetti