miércoles, 10 de junio de 2009

Y todo es vanidad. Krahe y Sabina.


Gracias a mi conducta vagamente antisocial
temo no verme nunca encaramado a un pedestal.
No alegrará mi efigie el censo de monumentos,
no vendrán las palomas a rociarme de excrementos. 


Y es una pena, la verdad,
porque sería muy bonito
seguir de adorno en mi ciudad
sobre un buen bloque de granito. 


Pues qué penita y qué dolor,
pues qué penita y qué dolor.
No tendré estatua, no señor. 


Gracias a mi postura más bien anticlerical
no será un siglo de éstos cuando entre al santoral.
No acudirán beatas a pedirme un milagrillo,
no vendrán los ladrones a vaciarme mi cepillo. 


Y es una pena, la verdad,
porque tenía cierta gana
de echarle un ojo a la deidad
mientras me doran la peana. 


Pues qué penita y qué dolor,
pues qué penita y qué dolor.
No tendré culto, no señor. 


Gracias a que mi musa se las da de cerebral
son pobres mis compases para expresión corporal.
No danzarán mis prosas las reinas de discoteca,
no vendrán los carrozas a hacer su gimnasia sueca. 


Y es una pena, la verdad,
porque sería algo inefable
cambiar la torpe realidad
y ser o Borges o bailable. 


Pues qué penita y qué dolor,
pues qué penita y qué dolor.
No tendré el Nobel, no señor. 


Gracias a mi tozuda decisión existencial
no cabe entre mis planes dar ningún salto mortal.
No gozará las honras funerales mi alma en pena,
no vendrán los gusanos a tirar de la cadena. 


Y es una pena, la verdad,
porque sería algo divino
ver cómo todo es vanidad,
y yo en decúbito supino. 


Pues qué penita y qué dolor,
pués qué penita y qué dolor.
No tendré esquela, no señor.

(c) Javier Krahe y Joaquín Sabina.