
La jerarquía católica es una de esas cosas (instituciones) que no deja nunca de sorprenderme por más que sepa de sobra cómo son y cómo actúan y las barbaridades que dicen y hacen y consienten. Y lo peor es que no por consabido resulta menos doloroso.
Ahora, la jerarquía católica en Honduras advierte al presidente golpeado que no vuelva porque puede haber un baño de sangre. ¿Por qué no dice a los golpistas que no produzcan ese baño de sangre? Debe de ser otro de los misterios insondables de la interpretación eclesiástica de la divinidad y hasta (para ellos) de la humanidad también.
Es como si un cardenal en una cacería dijera a conejos, perdices y demás "objetos" de caza, que sean buenos y no molesten a los cazadores porque puede haber un baño de sangre en el que ellos morirán de todos modos hagan lo que hagan, pero algún cazador podría resultar lastimado y eso sería un pecado imperdobable.
No me cabe en mi agnóstica y laica cabezota que se pueda decir semejantes salvajadas sin despeinarse las sagradas calvas (¿será por eso?) ni caérseles la cara de vergüenza (¿tendrá que ver con garbanzos y palacios?).
Yo no sé, pero me temo que ni el trabajo, el esfuerzo, la dedicación y la sangre de tantos valientes y admirables misioneros católicos ya no resulta suficiente para lavar tanta ignominia vesánica impune.
¡Que Cristo les juzgue de una santa vez, por favor, para que podamos volver a tener la fe que nos quitan!
Javier Auserd.