miércoles, 27 de enero de 2010

Corralitos tristes.


Lo bueno de los malos periodistas es que son tan tontos que no pueden dejar de defraudar, sistemáticamente. Previsibles, semianalfabetos, prepotentes y creídos, apenas leen (es un decir) el título de algo o unas pocas líneas sueltas, son tan "superdotados" que ya se hacen su composición de lugar de lo que otros han escrito, dicho, querido decir y replican o plagian con perfecto descaro.
Hay periodistas serios, rigurosos, entrañables y que son escritores, narradores y poetas magníficos. Son, además, seres humanos cercanos y profesionales que analizan bien antes de hablar, de escribir o de hacer referencia a algo. Estos buenos periodistas además no pretenden acaparar un supuesto carné de escritor, ni tener la exclusiva de nada, ni consideran advenedizo a nadie.
Pero yo estoy hablando de los listillos (se entiende, por supuesto, también en femenino) que existen en todas las profesiones y las desprestigian y las manchan con sus ridículas meteduras de pata, aunque resulta especialmente doloroso el uso, el abuso, la tergiversación y el plagio que hacen algunos deplorables periodistas del idioma y de lo que escribimos los que no lo somos (ni malos ni buenos). Creen tener el monopolio de la escritura y de la publicación y, a pesar de que no entienden nada o lo entienden al revés, desprecian las opiniones ajenas y no pillan ni por casualidad las ironías, sarcasmos, metáforas, retruécanos, hipérboles ni nada de nada. No importa, se creen todopoderosos, se creen en posesión de la verdad y, como se lo van a publicar de todos modos, pues no hay problema (creen ellos). Sin embargo hay muchos problemas: todos los que ellos mismos crean destrozando el lenguaje, el rigor, la verdad y lo que decimos los demás.
Es chirriante y bochornoso leerles porque todo lo mezclan, todo lo confunden y todo lo critican sin el mínimo decoro redactor debido y diciendo barbaridades increíbles con un desparpajo que estremece, provocando una triste vergüenza ajena. Y no consuela pensar que nunca saldrán de su elaborada mediocridad porque siempre habrá quien les de cancha y les ofrezca un espacio vetado al resto de los mortales por ser vos quien sois.
Siento un profundo respeto por los buenos profesionales de todas las áreas, sobre todo de ésta, pero al mismo tiempo siento una pena profunda por los que tienen un ojo al lado del otro y un cerebro que no procesa adecuadamente. ¡Qué pena, igual habrían podido ser unos grandes millonarios o unos excelsos fontaneros! ¡Qué desperdicio!
Javier Auserd.

3 comentarios:

  1. Me gusta cmo piensas, y tu honradez...

    Un beso muy grande.

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  2. Hola Sak, dinos cómo te encuentras. Espero que bien.
    Esa honradez que dices es un defecto muy grande que no aconsejo a nadie. Nos engañaron de pequeños y yo no he sabido espabilar y ya no hay remedio.
    Dinos cómo estás, anda.
    Besos.

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  3. Eso, Sak, cuéntanos, por favor. Yo creo pertenecer al mismo club que tú, Dinosaurio, a ese club de engañados e inadaptados del sistema a los que éste, el sistema, no deja de fastidiarles... ¡Paciencia! ¿Pero callados? ¡Ni debajo del agua! Como debe ser.
    Un gran abrazo, compañero.
    Hannah

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