Siempre sorprende la muerte por más que se la espere, porque la muerte (que te aparta de tus seres queridos) no viene cuando la llamas y cuando le pides una tregua, viene. ¿Qué puedo decir yo de Labordeta?, ¿que le admiraba?, sí, ¿que era lo mejor de lo mejor pese a la malvada y malsana ultraderecha antiespañola y antihumana?, sí. Pero me quedo con el profesor y con el buen hombre que fue: un bendito cascarrabias que decía lo que pensaba sin elaborarlo para no resultar inconveniente. Por eso es una gran pérdida. Pueden reirse sus enemigos creyendo que han ganado, pero su risa de plomo, amarga y sucia, putrefacta, se perderá en las cloacas de este videojuego, no en el viento como las canciones y la vida limpia de Labordeta. Saludos, maestro.
Javier Auserd.