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miércoles, 18 de enero de 2012

Cuentos letales.

Sin alevosía.
1. Praefatio. Alize y Eliza.
No me extrañaría que estuviéramos llenas de espaldas —le dijo Alize a Eliza riendo mirándose al espejo mientras bromeaban.
Alize y Eliza eran muy diferentes. Como es fácil adivinar, una era rubia y la otra morena. Pero cuando se intercambiaban daban el pego y nadie lo advertía: pasaban una por otra sin el menor contratiempo dando pie a cómicas y graciosas situaciones y equívocos.
—¿A dónde va usted con esa caja, Mr. Aurelyan? —le pregunto Alize a don Segismundo Aurelyan.
—Voy a la biblioteca a donar estos libros, hija —le contestó el hombre.
—¿Y eso puede hacerse?
—Ya lo creo que puede hacerse. Puede y debe hacerse. Se llevan, se donan y ya está. Así no ocupan sitio en casa y la gente se beneficia con ello.
—Ah, pues eso está muy bien. Hasta luego, Mr. Aurelyan.
—Hasta luego, hija.
Alize no se lo había planteado antes nunca, pero después de la conversación con el anciano, pensó en donar también ella sus libros como contribución al saber global local comunitario y como muestra de generosidad fácilmente demostrable ya que era notorio que no podía ella donar sangre (como en cambio sí podía hacerlo Eliza y bien que presumía de ello) por tener antinoséqués en nosédónde, como le habían explicado cuando lo intentó. De modo que se puso a hacer una pila de libros que no había vuelto a abrir en los últimos ... díez años por lo menos, y le salieron nueve incluyendo un catecismo en bastante mal estado de conservación, así que añadió 'La isla misteriosa' los envolvió en papel de diario gratuito y salió muy ufana hacia la biblioteca con la candidez de sus 17 años y medio colgándole de una magnífica y confiada sonrisa. Llegó a la biblioteca y se dirigió a la primera cincuentona de aspecto amable que se cruzó en su camino.
—Buenas, que vengo a donar.
—La Red Cross es en San Quentin Square.
—No, no, si lo que vengo a donar son libros.
—Ah, bueno, ven conmigo. Los libros aquí son muy bienvenidos. Vamos a esta mesa. Y ¿qué traes?
—Pues ... un 'Fray Perico y su borrico', un 'Conde de Montecristo' ...
—¡Muy bien! Pues déjalos todos aquí, que luego los apunto y los colocamos. Dime tus datos.
—¿Pero esto no es anónimo?
—Solo si tu quieres. Pero a nosotras nos gusta saber a quién agradecer las donaciones.
—Ah, vale, pues apunte. Me llamo ...
En ese momento, vio Alize un mosquito posarse en el hombro de la mujer de la biblioteca y, ni corta ni perezosa, agarró 'Los tres mosqueteros' y le sacudió un librazo que le dejó k.o. al mosquito y, de paso, al hombro de la bibliotecaria que la estaba atendiendo.
—¡Pero, ¿por qué me atacas?!
—No, si no la he atacado, he matado a un mosquito, mire.
—¡Aagghh! ¡Malditos mosquitos, nos tienen desesperadas! ¡Han fumigado tres veces ya y nada! Muchas gracias ...
—Alize Wilkinson, de la Bahía Colonial de Massachusetts, Salem, Massachusetts.
—Pues gracias, Alize, me has salvado la vida.
—Oh, no, no creo que sea para tanto. En todo caso, han sido ... 'Los tres mosqueteros'.
—¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Pues es verdad! Gracias a los tres, eeh, cuatro, ¡no, ... cinco!
© Javier Auserd.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Averno.


20. ¡Pobres cuerpos!
''¿Qué morirá conmigo cuando yo muera, qué forma patética o deleznable perderá el mundo?'' (Jorge Luis Borges)
''Si un cuerpo encuentra a otro cuerpo cuando van entre el centeno'' (Robert Burns)
O, Jenny's a' weet, poor body,
Jenny's seldom dry:
She draigl't a' her petticoatie,
Comin thro' the rye!
Comin thro' the rye, poor body,
Comin thro' the rye,
She draigl't a' her petticoatie,
Comin thro' the rye!
Gin a body meet a body
Comin thro' the rye,
Gin a body kiss a body,
Need a body cry?
Gin a body meet a body
Comin thro' the glen,
Gin a body kiss a body,
Need the warl' ken?
Gin a body meet a body
Comin thro' the grain;
Gin a body kiss a body,
The thing's a body's ain.
http://lacuevadeldinosaurio.wordpress.com/2010/03/05/si-un-cuerpo-coge-a-otro-cuerpo/


—¡Argumente!
—Estoy condenado a repetir vida una y otra vez porque mi sentido de la justicia no coincide con el de Jesucristo, a quien, por otro lado, tanto admiro. De manera que repito y repito curso hasta que los Catedráticos de los Universos Infinitos decidan que puedan descansar ya mis pobres cuerpos.
¡Pobres cuerpos! Machacados sin piedad ni misericordia durantes tantas vidas y tantos años que ya he perdido la cuenta, sus huesos ya no aguantan ni la más leve brisa marinera, ni un ligero soplo de aire, ni un suspiro. Nada. Ya no aguantan nada más ya. Están exhaustos, calcinados, zombis. No puedo creer, por eso, que estemos hechos a imagen y semejanza de Dios. O quizás sí, si consideramos que la imagen no sufre ni padece pero la carne sí sufre y padece. En caso de que seamos una encarnación de Dios, entonces Dios no sufre, pero nosotros, encarnados, nuestros cuerpos encarnados, sufren de forma deliciosamente inconmensurable.
¿Qué ha hecho un cuerpo para tener que pagar las culpas de lo que ha hecho otro cuerpo que, encima, no ha conocido de nada? ¿Es que los cuerpos somos simples masas de carne dolorida y palpitante sin importancia alguna para los dioses?
Y, sin embargo, a pesar de que cada muerte es una liberación del dolor, hay una tristeza profunda cada vez que un cuerpo tiene que irse de una vida, por el sabor del aire, por el color del horizonte, por la falsa tibieza de una mirada ... No lo sé.
Y luego está también el detalle de cómo te vas de cada trampa, digo vida, si pataleando como un cobarde ante la horca o con la máxima serenidad posible a pesar de que el sufrimiento deforma las facciones y los gestos y las posturas y las hace irreconocibles e infrahumanas. Eso es muy importante ... y aterrador.
El quid de la cuestión es que no hay forma humana, ni divina, de hacerme entender que perdone a mis enemigos, sobre todo mientras están venga putearme sin tregua ni concierto, de modo que ¡zas!: ¡a repetir!
Aunque la venganza no figura como uno de los siete pecados capitales, es el peor de ellos. No figura porque estaba tan arraigada en el judaísmo, y era tan normal, que los primeros cristianos no pudieron ponerla en sus 'tablas de la ley' y luego fueron adquiriendo enemigos de sobra como para dejarla a un lado, pero puedo aseguraros que los dioses la tienen muy en cuenta en el cómputo global.
Lo ideal sería conseguirse un demonio al que pedirle que haga todo lo que tú le mandes y, en especial, el trabajo sucio. Pero eso es muy difícil, lleva casi toda una vida prepararlo y lo mismo no sale. Ahora, hay que reconocer que si sale es una gozada: 'Azrael, fulmina a Fulanito. Azrael, corta la cabeza a Menganito. Azrael, que ese cabronazo pague su pecado'. Ah, sí: ¡una gozada!
Sin embargo, todo es como es, y está bien así. Y es mejor que así sea porque otra cosa sería una hecatombe. De modo que vivimos siempre, cada vez, en los mejores mundos posibles y lo único que podemos hacer es empeorarlos con la guillotina. Y eso es lo que debemos hacer: empeorarlos con la guillotina. ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
—Suficiente. ¿No creéis? (Corta la comunicación para que no pueda oírnos).
—Oh, sí. Es evidente que este paciente debe seguir aquí mucho mucho tiempo. Por su propio bien, desde luego.
—Desde luego, desde luego. Mmm, aunque también por el nuestro. ¡Quién sabe lo que es capaz de hacer alguien que piensa así!
—Incluso alguien que, simplemente, piensa.
—Caso cerrado.
—Vamos a tomar algo.
© Javier Auserd.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Quién repone ahora el papel higiénico. (Siempre hay algún 'pringao').

Uno.
—Escucha, Lore, tengo que hacerte una pregunta un poco ... 'delicá'.
—Pues tú dirás.
—¿Tú ... repones el papel higiénico en el baño?
—¡¿Quéeeeee?! ¡¿Yooooo?! ¡¿Tú estás chalado?! ¡¿Me has visto cara de reponedora de supermercado?! ¡¿Tengo poco con sacar la basura, cambiar la arena de Trompo y de Bily y recoger todo lo que va tirando Nena al suelo?! ¡Además de poner la mesa, fregar lunes y jueves, planchar mis braguitas y soportar las bromas de Walter el psicópata y Thoe, la ladrona! ¡¿Eeeeh?! ¡Tú estás loco!
—Vale, vale, pero es un misterio ... acojonante. ¡Oye, Thoe!
—Olvídame, que no es mi santo.
—Vale.
—¡Oye Walter ... !
—Chau, pringau.
—¡Puff! ¡Nena, ¿tú no sabrás ...?! ¡Nena, sal del cubo de la basura!


Dos.
—¡Atención, atención! ¡Reunión comunal, reunión comunal! ¡Aaaasamblea! A ver. Aprovechando la coincidencia (meramente circunstancial por otro lado) de todos los miembros de esta ... casa ...
—Salvo Thoe.
—¡Evidentemente, salvo Thoe!
—Y Toli. Y Andrew.
—¡Brrrr! ¡Claro que no está Andrew, está en el taller! Y tampoco está Toli. De eso se trata. Ya sabéis que Toli se ha ido, nos ha dejado, ya no está aquí, ¿vale?
—¿Está en el cielo?
—No, Nena, no está en el cielo.
—Está en el infierno.
—¡No Walter, tampoco!
—¿Y dónde está ... papá?
—Está en Alemania, Nena, y no es tu padre (aunque fuera el que más jugaba contigo). Bueno, al grano. El caso es que ...
—¿Vas a hablar del misterio del papel higiénico? Porque yo he quedado en ... tres, dos, uno, cero.
—Lore, por favor, te pido que me escuches un momento, sólo un momento.
—Estás fuera de tiempo, tía. Arrevoire.
—Lore, ¡Lore! En fin, seré breve.
—¿Quién bebe, mamá?
—Nena, por favor. Y no soy tu madre.
—Ni que lo jures.
—¡Walter! Bueno, iré al grano ... si me dejáis, claro. El caso es que Andrew ha descubierto que alguien repone el papel higiénico en ausencia de Toli, que era el único que lo hacía, y no sabemos quién es.
—¿Papá Noel?
—Muy gracioso, Walter, muy gracioso. La cosa es que hay que averiguarlo.
—¿Que qué?
—Saberlo, Nena. Hay que saberlo.
—¿Para qué? ¿No es más cómodo dejarlo estar?
—Sí, Walter, más cómodo es, pero hay que averi ... saberlo, descubrirlo, aclararlo ...
—¿Como la lavadora, mami?
—¡Grrrr! Sí, Nena, querida, como la lavadora que te cargaste el otro día, por cierto. De modo que tenemos que estar ojo avizor ...
—¿Qué ...?
—¡Avisados, preparados, prevenidos, atentos, con cien ojos, alerta, ¡al loro!, Nena, al loro! para descubrir al ...
—¡Asesino!
— ... al autor de la reposición del papel higiénico en el baño. ¡Ufffff!
—¡¡¡Bien, bravo, ya está, vamos a jugar con la Wii!!!


Tres.
—Ya lo tengo, Linda.
—¿Qué tienes, Andrew?
—Lo he descubierto.
—¿El qué, digo a quién, digo cuál, o sea … qué?
—Lo del papel higiénico.
—¡Ah, ¿eso?! Creí que estaba … olvidado.
—No.
—¿Y bien?
—Creo que ya sé quién es.
—¿Y quién es, Andrew?
—¿Recuerdas que todas las noches me levanto a mear a eso de las dos, Linda?
—Sí, Andrew, me acuerdo de eso.
—Pues bien, hace dos noches, no sé por qué, me levanté a las tres y me pareció cruzarme con Bily con un rollo de papel en la boca camino del baño.
—Quieres decir a Trompo.
—No, no, era Bily.
—Andrew, Trompo es el perro, Bily ¡es un gato!
—Lo sé, Linda, lo sé. ¡Y era Bily, el gato, nuestro gato! el que iba con un rollo de papel higiénico en la boca.
—Ya … Y, Andrew, ¿me quieres explicar cómo demonios abre un gato la puerta de la despensa (que siempre cierro para que no se meta Nena a romperlo todo), coge un rollo de papel higiénico de un sitio difícil, cierra la puerta, lo lleva al baño, abre la puerta del baño (aunque esa casi siempre os la dejáis abierta), deja el rollo en su sitio, encima de la cisterna y se larga como si tal cosa? ¡Hombre, Andrew, eso lo hacen los perros! ¡¿Es que no ves los anuncios de la tele?!
—No, Linda, no. ¡Que te digo que era Bily!
—¡Lo habrás soñado!
—¡¿?! Podría ser. Eso sí que podría ser, mira, que lo hubiera soñado.
—¡Pues claro, hombre!


Cuatro.
—¡Lo veo y no lo creo!
—Schhh, calla, que te va a oír y se nos joroba todo.
—¿Lo estás grabando?
—Sí, sí, calla. ¿Ves, ves? Ahora cierra la puerta con la patita, recoge el rollo y va al baño. Mira.
—¿Y puedes grabar a esta distancia? No se va a ver nada.
—Lo he configurado.
—¿Ves?, la puerta del baño abierta.
—Ya, pero como sabe abrir puertas … Lo has visto tú misma.
—Eso es verdad. Además, todo encaja, porque recuerdo que siempre iba detrás de Toli como fijándose en lo que hacía.
—¿Ves? Ahora la deja como estaba y se va a dormir a los pies de Nena.
—Como si no hubiera roto un plato.
—Y es que no lo ha roto. Pero la verdad es que es un ‘pringao’. ¡Vaya ‘tolai’ de Bily, lo que se van a reír los demás cuando lo vean!
—Sí. Tienes razón.
—Bueno, pues ya está, aquí está la prueba, en mi móvil. Ahora a dormir.


Cinco.
—Oye, Linda, ¿tú no habrás visto, por casualidad, … mi móvil?
—¿Tu móvil? No. ¿Es que lo has perdido?
—No creo, pero no lo veo.
—¿Has mirado bien? ¿Lo dejaste donde siempre después de grabar a Bily?
—Sí, como siempre, encima de la mesilla.
—¡Miaaau!
—Espera, Bily, que ahora te pongo tus crispis. Oye, por cierto, y no habrá sido …
—Imposible, Linda, tú misma dijiste que los gatos son tontos.
—Ya, pero también creía que Bily no podía hacer lo que le vimos hacer esta madrugada y lo grabaste y nos … reímos.
—¿No pensarás que …? No puede ser, mujer. Una cosa es una acrobacia de … circo y otra muy diferente … ¿Qué insinúas?
—¡Miaaauuu!
© Javier Auserd.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Averno.

19. En el alfoz de un infierno peor
Capítulo XVIII
Donde se cuentan las razones que pasó Sancho Panza con su señor don Quijote, con otras aventuras dignas de ser contadas.
(...) —Pero vuelve los ojos a estrota parte, y veras delante y en la frente destroto ejército al siempre vencedor y jamás vencido Timonel de Carcajona, príncipe de la Nueva Vizcaya, que viene armado con las armas partidas a cuarteles, azules, verdes, blancas y amarillas, y trae en el escudo un gato de oro en campo leonado, con una letra que dice: "Miau", que es el principio del nombre de su dama, que, según se dice, es la simpar Miulina, hija del duque Alfeñiquén del Algarve; el otro, que carga y oprime los lomos de aquella poderosa alfana, que trae las armas como nieve blancas, y el escudo blanco y sin empresa alguna, es un caballero novel, de nación francés, llamado Pierres Papín, señor de las baronías de Utrique; el otro, que bate las ijadas con los herrados carcaños a aquella pintada y ligera cebra, y trae las armas de los veros azules, es el poderoso duque de Nerbia, Espartafilardo del Bosque, que trae por empresa en el escudo una esparraguera, con una letra en castellano que dice así: "Rastrea mi suerte". (...)
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Miguel de Cervantes.


—¿Qué infierno prefiere?
—¿Puedo elegir?
—Naturalmente. Tenemos una amplia gama a escoger y a revolver. Puede elegir desde las favelas de Sao Paulo a los bloques abandonados de Novokuznetsk en Siberia, pasando por Guatemala, Bangkok, Shanghái, París, Roma, Londres, Madrid-Las Barranquillas, Nueva York-Bronx, Sevilla-Las Tres Mil Viviendas, Nueva Orleans, Valladolid-Las Viudas ... y así podría seguir años y años, aunque no tenemos tiempo.


Recordé, entonces, una de las misiones absurdas de alguna de las muchas vidas a las que he sido condenado, no recuerdo ya de qué guerra concreta, pero es lo mismo, todas las guerras de todas las épocas, de todos los universos son iguales, pueden cambiar las armas y dos chorradas más pero en esencia no varían. No era una operación de comando, según la iconografía bélica al uso, sino de aseguramiento y, de paso, de peinado más minucioso, que en aquella ocasión nos había tocado a nosotros, después del avance rápido de los grupos de asalto. Íbamos tranquilos, porque las ruinas habían quedado bien plastificadas, cuando, de pronto, la tapa de una alcantarilla se movió. Ajusté el lanzallamas y solté un fogonazo a lo que fuera que estaba saliendo a la superficie que se desintegró en el aire como ceniza de cigarro, pero antes de evaporarse me pareció reconocer a una niñata que me había hecho la vida imposible con sus tacones sobre mi cabeza en un apartamento de Londres una temporada que estuve convaleciente. Me alegró vengarme de aquella gilipollas. Fogueé el hueco del conducto por si las moscas y sellé la tapa con un soplete de molibdeno. Proseguimos la aburrida y ritual caminata. Para entretenerme, fui lanzando granadas anticarro a diestro y siniestro contra sucursales bancarias, joyerías, tiendas de lujo y entradas de portales señoriales ya de por sí destrozadas de antemano. El implante digital registraba todo en alta resolución y lo mandaba por correo electrónico al SAL (satélite de apoyo logístico) después de pedirme que lo autorizara. Otro compañero iba recogiendo muestras de tierra quemada, agua putrefacta, gases de conducciones rotas y restos varios de invertebrados. Otro de ellos medía la radiación del aire y de los cadáveres esparcidos caóticamente por todo el terreno. Algo parecido a un perro moribundo movió una oreja y le achicharré para que no sufriera. Pero al doblar las ruinas de lo que había sido una esquina, creí ver un rapidísimo relámpago plateado cruzando los escombros para perderse en un agujero subterráneo. Rebobiné a cámara lenta y vi que era ¡un gato!, ¡un gato gris, blanco y rubio!, ¡o sea, una gata! En ese momento, me llamaron de la base para que nos reuniéramos con más pelotones en la Glorieta de la Constitución de la ciudad para una asamblea y tuve que dejar que se escapara aunque, por otro lado, no creo que hubiera podido cazarla. Sin embargo, eso significaba que había vida salvaje superviviente y, además, me alegró que se escabullera y que fuera una gata, algún día gatos modificados serían unos guerreros formidables. Me lo callaría para no complicar las cosas, de modo que borré esa escena antes de transmitirla y me dio tiempo. Cambiamos al noroeste mientras nuestras botas de CHOSi hacían restallar los polímeros con siniestros crujidos.


—Bueno, es igual que elija o no. Le vamos a operar de ... de lo que sea. Venga.
—Pero, ...
—No hay peros que valgan. Y deje de complicarnos la existencia. ¡Vamos!
—Pero, oiga, esto no puede ...
—Ya está. Con esto se va a tranquilizar por narices.


Desperté en una plaza abarrotada de nazis de uniforme muy contentos con un ahorcamiento, que hablaban animadamente todos al mismo tiempo, y algunos disparaban contra muros llenos de palabras azules ininteligibles. Por suerte no me veían, como si yo estuviera fuera de la escena. Luego me di cuenta que era la alucinación de alguna sustancia de la anestesia pero la sensación seguía siendo muy desagradable y yo veía una y otra vez las palabras azules desfilando en las paredes y en el techo de la habitación del hospital. Ahora que lo pienso, parecían caracteres taquigráficos.


—¿Cómo estás, campeón?
—Como si no lo fuera y me hubiera atropellado un tren de mercancías.
—Bueno, bueno, no seas tan lloronazo, ¡cojones!
—¿Tampoco puedo llorar?
—Sólo (Sólo) cuando (cuando) nadie (nadie) te vea (me vea) (Ya lo sé).
—Entonces, ¿por qué preguntas? ¡Anímate, hombre! Ya verás lo divertida que es la misión en Ganímedes.


Salí a toda prisa y me perdí en la niebla por las callejuelas cercanas al Támesis. Esa gota me salvaría de la locura muy pronto.
© Javier Auserd.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Averno.


CAPÍTULO Dos
No me digas
18. Piratas.
Yo, ho, haul together,
hoist the colors high.
Heave ho,
thieves and beggars,
never shall we die.
The king and his men
stole the queen from her bed
and bound her in her Bones.
The seas be ours
and by the powers
where we will we'll roam.
Yo, ho, haul together,
hoist the colors high.
Heave ho, thieves and beggars,
never shall we die.
Some men have died
and some are alive
and others sail on the sea
– with the keys to the cage...
and the Devil to pay
we lay to Fiddler's Green!
The bell has been raised
from it's watery grave...
Do you hear it's sepulchral tone?
We are a call to all,
pay head the squall
and turn your sail toward home!
Yo, ho, haul together,
hoist the colors high.
Heave ho, thieves and beggars,
never shall we die.
Uno.
—Tengo que estar en Toledo esta noche y en Cádiz en una semana. Prepárame más caballos.
—Bueno, hombre, bueno, pero siéntate y toma algo, ya he dado las ordenes.
—Está bien, pero sólo puedo estar muy poco tiempo.
—Ya lo sé, Guillermo, pero tienes que llevarte una carta.
—¿Para quién?
—Para Daniel.
—Está bien, daos prisa.
—Come algo y cámbiate de botas y capa.
—Aquí está lo que pidió, señor.
—Déjelo en la mesa y retírese.
—Sí, señor.
—El viento arrecia.
—No creo que llegue a temporal.
—Puedes salir por este Arco.
—No. Prefiero salir a pie por Malaventura y montar en el camino. Hmm ... está bueno este jamón. Que se lo pongan a los hombres.
—Sí, es el del año pasado. Ha salido muy bueno. Los hombres ya están cenando en el refectorio, no te preocupes.
—Son muy buenos. Sin ellos no habría podido hacer nada.
—Lo sé, Guillermo, lo sé. Son de lo mejor que tenemos.
—Y ¿qué hay de lo de Gaspar?
—Mal. Nos tememos el desenlace en horas o, a lo sumo, en días.
—Hay gente a la que parece que paguen por hacer el mal.
—¡Me asombras, Guillermo!, ¡bien sabes de qué modos y artificios se sirve el Maligno!
—Ya. Pero a veces se me confunde la realidad con el deseo.
—¡Nunca bajes la guardia o estaremos perdidos!
—No te preocupes. Fue sólo un instante. Ya pasó. Bien, nos vamos.
—Id con Dios, hermano.
—Y tú, hermano, queda con Él.
Dos.
—En resumidas cuentas, ¿qué pretendes, soldado?
—Liberar a los leprosos.
—¿Con qué orden de la Santa?
—Con esta.
—Está bien. Espera aquí.
—Bien.
—Ya están en el patio. Pon el sello de tu duque aquí.
—Espera. ¡Gonzalo, ¿están todos?! Vale. Pon la cera en el documento. Toma. Con Dios.
—(Malditos herrados).
—¡¿Qué murmuras?!
—Nada, nada ... señor. Todo en orden.
—¡Más te vale, mastuerzo! ¡Y no rechistes más si quieres seguir arrastrándote por este lado de las mazmorras!
—Lo que usted mande, señor, Dios le bendiga.
—¡Habrase visto! Ahora llevo prisa pero ya te dedicaré más tiempo.
Tres.
—Pararemos aquí en este campamento. No digáis que son leprosos. Como les hemos limpiado, estos soldados no notarán nada, sólo son prisioneros.
—¿Mencionamos el Tercio de Galeras, capitán?
—No abiertamente, aunque tampoco lo neguéis. Eso dejádmelo a mí.
—¡Alto, quién va! ¡Santo y seña!
—¡San Anselmo y mangosta parda! ¡Llama a tu sargento, rápido!
—¡¿Qué ocurre?!
—¡No os habéis herniado a correr, a fe mía!
—¡¿Debería haberlo hecho, 'señor'?!
—¡Leed!
—No sé, señor.
—¡¿Cómo?! ¡¿Un sargento de estancia de Su Majestad, no sabe leer?!
—No.
—¡Más alto, no os oigo!
—¡No, señor!
—¿Reconocéis, al menos, este sello?
—Sí, mi señor.
—¡Alzaos, idiota, esto no es un circo! No queremos llamar la atención. Puesto que veo que algo habéis barruntado, dad, de inmediato, las ordenes para alojarnos en un pabellón aparte, enviadnos comida y agua y que nadie nos moleste y poned una guardia alrededor. ¿Habéis entendido?
—Sí, mi señor. Así se hará, mi señor, ahora mismo, mi señor.
—Ve, pues, presto.
—Buenaventura, ve con él y asegúrate que ha entendido.
—A vuestras ordenes.
—Juan, vuélvete a aquel altillo, haz la señal y regresa, tengo que hablar con el fraile esta noche.
—A vuestras ordenes.
Cuatro.
—¿Qué vamos a encontrar en Orán, fray Pedro?
—Piratas.
—Eso ya me imagino, padre, lo que me preocupa es que les apoyen los tuaregs.
—Eso no será problema.
—¿Así lo creéis? ¿Pues cómo?
—Tenemos agentes entre ellos. Esto os servirá. Incluso podréis negociar que os escolten hasta la entrada. Luego será cosa vuestra.
—Magnífico, padre, es una buena noticia desde ... desde hace tiempo.
—Sí, ya me figuro, pero deberíais tener más fe.
—Sin duda, padre, aunque también me vendrían bien más salvoconductos como el que me acabáis de proporcionar.
—No debéis blasfemar, Guillermo, ... mas ... que no se entere nadie, pero os entiendo.
—Lo sé, padre, y os ruego me sepáis perdonar. Son tiempos extraños.
—Y lugares, hijo, y lugares. Bien: In nomine Patris, et Filii, et Spiritus Sancti. Amén. Id con Dios.
—Amén, padre, y vos quedad con Él.
—Padre, ¿nos veremos allí?
—Es posible, hijo, es posible.
© Javier Auserd.

domingo, 9 de octubre de 2011

Averno.

17. Todas las vidas.
-¡Chusma!
-¡Escoria!
-¡Yo no entiendo cómo el Consejo permite estos desmanes!
-Papá, están bajo control. Además lo hacen para guardar las formas T.I.O. (Troika Inter Organizacional, partido de los propietarios de Nueva Roma).
-¡Ya les iba yo a dar 'normas que guardar' a toda esa plebe inmunda en forma de latigazos, 'sobrino'!

Habían lanzado una cortina de plástico encima y la manifestación de sirvientes en su hora libre semanal transcurría convenientemente empaquetada y escoltada para que estorbara lo menos posible a los patricios de primera que transitaban por el paseo central de la Gran Arteria.
Yo observaba la escena desde la esquina de un oscuro callejón, sin poder intervenir en ningún sentido y sólo se me ocurrió rezar mentalmente:

Dios te salve, María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo,
bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús.
Santa María, madre de Dios,
ruega por nosotros: pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Era todo cuanto podía hacer. Eso y tratar de mantener los pies calientes y la cabeza fría. ¡Qué dura, compleja, extraña y terrible se volvía esta tercera (¿o era la cuarta?) realidad! O, quizás, siempre habían sido así todas las vidas.
Penetré en el callejón, fui hasta el fondo, abrí la puerta y, enseguida, estuve en el comedor donde en una media hora empezaría a servir los platos de la Beneficencia de Indigentes y luego podría comer algo allí mismo porque el chollo de la Cripta se había terminado. La Cripta se había tenido que trasladar a Manila y no había sitio para nosotros. Ahora Molly fregaba escaleras y yo ayudaba de voluntario en el Auxilio Social de Nueva Roma por un plato de agua sucia pero caliente, luego haría la ronda diaria por las trampas de ratas para el mercado negro de los restaurantes de lujo, trapichearía cartones, plásticos, pajaritos y moscas en las tienduchas del barrio africano de Hong Kong y bien entrada la noche me reuniría con Molly en la trastienda de una taberna del Harlem de Shanghái, gracias al dueño que fue cuñado de un excompañero de armas en varias guerras, donde cenaremos, charlando, lo que hayamos podido ir recogiendo de las sobras de los hoteles en los callejones traseros de la Gran Arteria y a dormir.
No me quejo, no me quejo. La otra noche un gatito recién nacido se me murió entre las manos antes de poder hacer nada por él mientras su madre se llevaba por delante a unas cuantas ratas enormes y luego era despedazada por ellas a las que fogueé lleno de rabia perdiendo así unos cuantos dolaryenes que nos hubieran venido bien para una semana. Bueno, ya se me ocurriría algo. Eso me hizo pensar (cosa de la que huyo como de la peste que me alcanzará cualquier día) en lo absurdo que es el mundo interminable (quiero decir cualquiera de los mundos habitados por humanos) solo porque no somos capaces de construir nada agradable para todas las especies ni siquiera para nosotros mismos. Llevo tres o cuatro vidas (he perdido la cuenta) y todas han sido espantosas y desde todas ellas he visto atrocidades, salvajismos, injusticias, pero especialmente estupideces: una serie infinita, una colección ilimitada de estupideces sin pies ni cabeza, sin sentido, sin objeto, sin beneficio alguno que pudiera al menos explicarlas, una ristra encadenada, ridícula, cutre y paleta de actos estúpidos, produciendo unas consecuencias devastadoras y demenciales perfectamente evitables con solo aplicar un poco de sentido común o un mínimo de empatía (o como se quiera decir eso).
La cabeza me empezó a dar vueltas y más vueltas y tuve que echar mano de un buen trago de la petaca de absenta, que llevaba siempre conmigo, para anestesiarme y dejar de pensar gilipolleces que sólo conducen a la locura y todo lo empeoran. Pero la absenta es traicionera y, así como te desvía de las grandes disquisiciones, te cobra su peaje con sacrificios humanos. Yo me tropecé con ese peaje, al poco rato, meando en unos cubos de basura y, aunque, como pretexto, le di la oportunidad de defenderse, no pudo y pagó el pato. Era un indigente, borracho, mendigo, escoria, chusma, como yo. Pronto me tocaría a mí y eso me calmó algo, hasta cierto punto.
En cada una de mis vidas he sido bueno y malo, estúpido y listillo, tonto y chulo, siempre arrogante y orgulloso y he pagado por ello, con la maldición añadida de recordarlas todas como si hubieran sido una sola, pero nunca he tenido el control, nunca. Siempre me he sentido zarandeado por fuerzas extrañas y ocultas y, aunque sé que nuestros actos tienen consecuencias y que influyen en lo que pase a continuación, da la sensación de que algún retorcido y malvado o inconsciente loco guionista infernal nos dirige la deriva por el Mar de los Sargazos.
Todas las vidas son mentira, son un espejismo, son parte de un videojuego cruel en el que no tenemos la más mínima posibilidad de transformar nada de verdad. ¿Dónde queda entonces el 'libre albedrío'? Es una quimera, una construcción conceptual sin ninguna base científica. La misma Ciencia es una entelequia: migajas de los dioses para engañarnos, una máquina que se perfecciona a sí misma sin alcanzar nunca la perfección porque la perfección es inalcanzable en el sentido de que queda fuera de nuestra órbita alcanzarla.
Sólo nos queda ser buenos chicos, chicos tranquilos y resignados a nuestra 'suerte', cada cual en su condición, clasificado dentro los estrechos márgenes de su casta. Sólo así se pueden romper los ciclos del hinduismo. Lo que no cambiaría gran cosa la naturaleza humana pero, al menos, haría el tránsito más agradable en vista de la imposibilidad de una revolución como Dios debería mandar.

En uno de los más recónditos rincones de la chimenea de una buhardilla del barrio londinense de Lambeth de no sé cual de todos los Universos alternativos, hay un ladrillo flojo. Lo retiro con mucho cuidado, saco el frasquito que hay dentro, lo abro, obtengo una gota con un cuentagotas que después enrosco, tapo el frasco y lo vuelvo a dejar donde estaba. Luego bajo, sigilosamente, por la estrecha escalera de caracol y salgo a la oscuridad de la noche. No me ha visto nadie.
© Javier Auserd.

sábado, 1 de octubre de 2011

Averno.



16. La prueba de Job.
En este tipo de Universos, hay cosas posibles, cosas imposibles, cosas posibles que parecen imposibles y cosas imposibles que parecen posibles. Encima, interviene la casualidad. Y, además, está también la prueba de Job.
Job es un homínido cualquiera al que la vida le va bien y eso, claro está, despierta la envidia del Maligno. ¡Hombre, Jefe, ¿cómo puede ser que yo tenga tantos problemas para sacar adelante mis proyectos y en cambio a Fulanito todo le vaya bien?! Es que Job trabaja mucho. ¡Toma, y yo! Bueno, hagamos una prueba. ¡Cojonudo! Pero no te acostumbres, ¿eh? ¡Qué bueno eres, Dios, cómo molas!
Ahora bien, tarde o temprano todo se paga. Había llegado la hora de devolver los favores a La Cripta que, por prosaico que resultara, no dejaba de ser una corporación empresarial. Y el encarguito, sin entrar en su moralidad o falta de ella, consistía en aplicar a un sujeto la prueba de Job. De manera que, pertrechados con el equipo necesario, Molly y Peter se pusieron en marcha para realizar la prueba de Job y, de paso, el test de empatía Voight-Kampff.
Esta vez no tendrían que ir muy lejos ni padecer aventuras, esfuerzos ni fatigas cardíacas, esta vez lo harían cómodamente sentados frente a un ordenador. Peter abrigaba la secreta esperanza de que el sujeto en cuestión fuera Mauro, el miserable sofista, porque se lo había ganado a pulso, pero, como por desgracia era de esperar, no era él, se trataba de otro tipo nada venenoso. Se pusieron manos a la obra introduciendo parámetros en un programa especial que generaba putadas a mansalva y lo lanzaron.

-Era Randy, que aumentes la renuencia de Madturkey.
-¡¿Qué?! ¡Pero si ya la tiene muy alta!
-Ya, a él tampoco le gusta, ni a mi, pero órdenes son órdenes.
-¡Pobre hombre! ¡Tengo unas ganas de acabar con esto ...!
-¡Ah! y que revises cómo va la subrutina C.
-¡La subrutina C! Esos gatos son príncipes castigados por algún dios loco.
-¡Peter, ay Peter! Recuerda que estamos obligados a hacer esto aunque no sea lo que más te alegre en este mundo.
-¿Y a ti, qué es lo que te alegraría más en este mundo?
-¿A mí? Que alguien que haya sufrido mucho tuviera tres años buenos y uno más para recordarlos antes de perderse en la nada.

El paciente era un pobre tabernero rico que no pudo soportar las desgracias que le llovieron encima una sobre otra y un atardecer dorado de finales de septiembre se puso a esperar a un tren en medio de la vía. Según el test de Voight-Kampff era un robot (y los gatos también). Asunto zanjado.
Desde entonces, le dio la melancólica costumbre de pasear por el cementerio municipal, a pesar de saber que ni Petrus ni los gatos estaban enterrados allí. Atravesaba el arco de entrada y deambulaba por el paseo central contemplando vagamente las lápidas. Una vez, se detuvo en un mausoleo y leyó en la puerta de la cripta esta oración:

San Miguel Arcángel,
defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo
contra la perversidad y las asechanzas
del demonio.
Que Dios le reprima, es nuestra humilde súplica;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
con la fuerza que Dios te ha dado, arroja al infierno
a Satanás y a los demás espíritus malignos
que vagan por el mundo
para la perdición de las almas. Amén.

Y pensó que, tal vez, le habría venido bien a Petrus usarla.
© Javier Auserd.

sábado, 17 de septiembre de 2011

Averno.

15. ... de nuestros amigos.
Los ríos de color púrpura (II).
Una I.A. es algo terrible, porque hay muchos humanos con los sentimientos amputados, anestesiados o fanatizados, pero ninguna I.A. tiene sentimientos. Una I.A. te puede someter a la más atroz de las torturas por pura curiosidad científica sin el más leve asomo de misericordia. De manera que nuestra huída fue desesperada y catatónica. Atravesamos selvas, pantanos apestosos, colinas, barrancos, ciudades hostiles, bosques, más desiertos inmensos, mares, lagos, ríos, continentes, cavernas ... siempre con el terror royéndonos el estómago y la cabeza. No dormíamos, no comíamos, no bebíamos bien. Éramos zombis huyendo despavoridos de todo y de todos (especialmente de aquella I.A.) sin un instante de sosiego o de inconsciencia. Hasta que llegamos a la Cripta.
La Cripta, y sobre todo Randy y Enoch, significaron nuestra salvación porque ellos sabían exactamente lo que debíamos hacer para llegar a un mundo en el que la I.A. 'Bruja Mente Kato' no nos pudiera atrapar. Y fue lo que hicimos.
Nos dieron una nueva identidad indetectable y ahora soy un oscuro administrativo en una empresa cualquiera. Me levanto a las 6 de la mañana durante unos años, luego a las 6:40 y, por fin a las 7, pero vuelvo a las 20 o a las 22, me duermo tarde y duermo poco, por eso estoy siempre agotado y al borde del colapso, hasta que, unos años más tarde, el colapso me alcanza de lleno y me veo obligado a tranquilizarme, pero vuelvo a la hiperactividad, vuelve el colapso, me detectan una disfunción gravísima rodeada de daños colaterales y la tranquilidad se impone ya como algo vital.
Es cuando conozco a mis vecinos. Son los mismos tipos descuidados y ruidosos que molestan todo lo que pueden y no han aprendido a vivir en comunidad todavía. Son los mismos que, desde hace unos mil doscientos años, mataban gatos y comían ratas mientras eran diezmados por la peste bubónica. Y se siguen quedando tan panchos. Naturalmente, yo tampoco habría acertado el acertijo entonces, aunque quiero pensar que tal vez hubiera recordado a los antiguos egipcios cuando fueron una gran potencia, reconocida incluso en la Biblia (bien es verdad que de manera peculiar), y les cuidaban en vez de perseguirles.
Pero, con todo, los vecinos y los seres humanos, no somos lo peor de este Universo. Por eso, cuando me pongo nervioso por cualquier chorrada, recuerdo y trato de calmarme lo mejor posible antes de que me calme el colapso.
Tarareo una cancioncilla cualquiera mientras paseo: ''Don't you know you're talking about a revolution. It sounds like a whisper'' (ya no conduzco), pero procuro no parecer alegre porque hay algo (todavía no he descubierto en todas las vidas que llevo, qué es) o alguien al que le molesta la alegría humana y hace lo que sea para castigarla de manera feroz e inmediata.
Ahora duermo algo más (cuando me dejan los vecinos) y anoche tuve un sueño en el que yo decía: ''Estoy cansado. Hace mucho que sé que no puedo cambiar el mundo, ni siquiera un poquito, ni siquiera una pequeñísima parte infinitesimal. Nada. Otros pueden. Yo, y muchos como yo, no podemos. No podemos mejorar nada. En especial las actitudes más trogloditas, reaccionarias y no digamos ya directamente malvadas. No podemos. Otros pueden matar, torturar, condenar al hambre y a la miseria, aterrorizar, violar, robar, corromper y dejarse corromper, humillar, encerrar, mutilar, amordazar, silenciar, destrozar, etc. con total y completa impunidad e impudicia. Pueden. Y lo hacen. Y nosotros no podemos evitarlo, ni siquiera podemos aliviar un poco la monstruosidad de sus actos. No podemos ni poner tiritas. Estoy cansado. No es justo''.
-¡Siguiente! - gritó una voz en off.
-¡¿Cómo?!
-Que pase el siguiente. Que adiós. Que deje el escenario libre para que pueda seguir el casting. Arrevoire. (Estoy harto de tanto lloronazo).
-¡Es un fragmento de Hamlet, la versión de Ibsen!
-¡Fuera! ¡Esto es para 'Reír hasta morir', imbécil! (¿De dónde ha salido este idiota?).
© Javier Auserd.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Averno.

15. ... de nuestros amigos.
Los ríos de color púrpura (I).
El silbido era demasiado metálico para provenir de un ser vivo y, sin embargo, era el enloquecedor y demencial chillido de la maldita cotorra monje del vecino.
Tumbado en su hamaca del criptohotel espacial mientras huyen del misterioso enemigo, Peter, no para de darle vueltas a los sinsabores y contradicciones de las Realidades Conocidas.
Si pudiéramos observar, en un momento dado, desde fuera, el continuo espacio-tiempo veríamos una acumulación asombrosamente inusual de catástrofes adversas tildadas de casualidades representadas como líneas gruesas de color marrón. Y las de los tontos que no aprecian las razones inconmensurables de los listos, serían de color lila. Y los sacrificios de los inocentes son de color púrpura, como los ríos de sangre del Apocalipsis 16,4.
'No puedo creer que esta chapuza de mundo sea obra de Dios', piensa Peter.
'Pero si tú no crees en Dios', le objetaría Molly.
'Es igual', contaatacaría Peter. 'Esto parece más bien un experimento. Pero mi punto de vista del experimento es el del que lo sufre, no el del que lo realiza. El que lo realiza no lo vive desde dentro y no debería tener punto de vista. Ese es uno de los muchos inconvenientes porque así nunca sabrá lo que sentimos las hormigas'.

Cuando tenía poder, el monje guerrero voló a Jerusalén e invocó en el Muro al Dios de los Ejércitos para que le mantuviera, mediante esta oración esotérica (Oración del Rab Shaul. Shalom. Mashiaj sea bendito), la suerte de putear a quien le pluguiera:
<<¡Dame Tu luz!, ¡dame Tu piedad! Mi Redentor, sálvame, porque soy Tuyo: el que ha surgido de Ti. ¡Eres mi mente; llévame! ¡Eres mi casa de tesoros; ábrela para mí! ¡Eres mi plenitud; condúceme a Ti! Eres mi descanso; dame lo perfecto inalcanzable!
Te invoco, El que Eres y El que Eras, en el nombre sobre todo nombre, por Yeshua HaMashiaj, el Señor de señores, el Rey de los siglos; dame Tus dones - no Te arrepentirás - a través del Hijo del hombre, el Espíritu, el Paráclito de la verdad. Dame la autoridad cuando Te la pida; dame salud para mi cuerpo cuando Te la pida por los Evangelistas y salva mi eterna alma luminosa y mi espíritu. Y el primogénito del Pléroma de la gracia - ¡revélalo a mi mente!
Concédeme lo que ningún ojo de ángel ha visto ni oído de gobernante ha escuchado y lo que no ha entrado en corazón humano y que llegó a ser angelical y modelado a imagen del Dios psíquico cuando fue formado en el principio, pues tengo fe y esperanza. Y pon sobre mí a Tu Amado, el Elegido, y la Grandeza bendita, el Primogénito, el Primer existente, y el maravilloso Misterio de Tu casa; porque Tuyo es el poder y la gloria y la alabanza y la grandeza por siempre. Amen.>>
Cuando perdió el poder, el monje lloró, pero no de arrepentimiento, sino de rabia. Claro que, para entonces, tampoco la rabia le servía de nada.

La Marquesa del Pan Pringado, modelo frustrada que suena dando ordenes a sus inferiores en el bungalow de al lado, tiene una voz desagradable y desabrida y es vulgar, por eso está siempre de mal humor y se alegra de los males ajenos, pero no sabe que así no verá llegar los propios. Recordándola, Peter invoca la oración por los pecadores de la Primera Carta de San Juan 5,14:
<<Tenemos plena confianza de que Dios nos escucha si Le pedimos algo conforme a Su voluntad.
Y sabiendo que Él nos escucha en todo lo que Le pedimos, sabemos que ya poseemos lo que Le hemos pedido.
El que ve a su hermano cometer un pecado que no lleva a la muerte, que ore y le dará la Vida. Me refiero a los que cometen pecados que no conducen a la muerte, porque hay un pecado que lleva a la muerte; por este no les pido que oren.
Aunque toda maldad es pecado, no todo pecado lleva a la muerte.
Sabemos que el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Hijo de Dios lo protege y el Maligno no le puede hacer nada.
Sabemos que somos de Dios y que el mundo entero está bajo el poder del Maligno.
Y sabemos también que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al que es Verdadero; y nosotros permanecemos en el que es Verdadero, en su Hijo Jesucristo. El es el Dios verdadero y la Vida eterna.
Hijitos míos, cuídense de los ídolos ...>>
Sin embargo, bien a su pesar, Peter sabe que ella se salvará y él se condenará ... una vez más.
© Javier Auserd.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Averno.

14. Líbranos, Señor, ...
Uno.
-Quiero saber por qué no me has incluido entre tus enemigos.
-¡¿Qué?!
-Lo que has oído.
-Pero ... estás de cachondeo, ¿verdad?
-No. Esto es muy serio. De hecho, a continuación, te voy a mandar a la mazmorra de tortura. Considérame el Gran Inquisidor. Y estás detenido. Pero, dime ¿qué te he hecho yo para no ser tu enemigo?
-¡Nada!
-¡Ah, claro, nada! Pues ahora te voy a hacer más que de sobra. ¡Ja, ja, ja, ja, ja! Así me tendrás por un enemigo más. ¡No! Me tendrás por el primero, por el más importante. Ya verás, ya.
-Pero qué manía. ¿Por qué ese empeño en que seamos enemigos?
-Porque eso da puntos. ¿Es que no te das cuenta?
-¡¿Puntos?! ¡Estás loco!
-Y olvídate del transmisor de tu muela. Lo hemos localizado y destruido. Ponte cómodo. (Pon alto el campo de fuerza, aunque le daría igual huir).
-¿Dónde estamos?
-En Nueva Venecia del Sur.
-Pero eso no está en mi jurisdicción, ¡has cometido el secuestro de un agente federal!
-¡Precisamente! Aquí te puedo machacar a mansalva.
-¿Y por qué me lo cuentas?
-Porque no tienes escapatoria. Además, vas a ser un cadáver muy feo.
-No te molestes, ya te odio mucho, eres mi peor enemigo, digo, el mejor, aunque no sepa el por qué de tu locura ni tu nombre.
-¡Qué alegría me das! Voy a celebrarlo. De momento me basta con que no te duermas. Y mientras te aterrorizas con tu propia imaginación, tengo que hacer otras cosas, ¿cómo es aquello? Ah, sí: 'Mata a un pobre en tu mesa para evitar que muera de hambre'. ¡Ja, ja, ja, ja, ja! Pues eso, enseguida vuelvo.
-Dime cómo te llamas antes de irte.
-Llámame Kato, Mente Kato.
-¡Mentira! ¡¿Cómo vas a ser tú el gorila Mente Kato Outsourcer de Xe Services que me atendió en Bruselas?!
-¡Ja, ja, ja, ja, ja! Yo soy el verdadero, ¡idiota!
-Eso sí, que seas el verdadero idiota, me lo creo.
-Guarda tus chistes malos para cuando regrese, ¡estúpido!, te van a hacer falta.

Dos.
-Creí que no venías, Molly, ¿dónde estabas?
-Te entendí que estabas en Nueva Escocia Oriental, de modo que te busqué en Washinglvania.
-Te dije al este de Nueva Caledonia del Norte no al sur de Nueva Moscú del Oeste.
-Bueno, es igual, te han quitado el transmisor de la muela y la conexión neuronal no es muy precisa que digamos.
-Cancela el campo de fuerza, rápido, antes de que vuelva en cualquier momento.
-¿Quién es?
-No lo sé, lleva una máscara y tiene la voz distorsionada, pero juraría que ... es alguien que parece conocerme bien. Podría ser la bruja de Bradstone disfrazada de tío.
-Pero ¡era amiga tuya!
-¡Precisamente!
-¡Hola, hola!¡¿A quién tenemos aquí?! ¡Otra tortolita en el nido! ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
-¡La cagamos! ¡Maldita sea!
-Ya lo creo. Ahora os tengo a los dos en la trampa. ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
-Te lo dije. Te dije que estaba a punto de llegar.
-Ahora es tarde para reproches, ¿no crees?
-Vamos, vamos, no os peleéis. Tenéis que estar muy unidos en la prosperidad y en la adversidad que se os avecina. ¡Ja, ja, ja, ja, ja!
-¡¿Quieres dejar de ... reírte tanto, maldito ... lo que seas?!
-¡Oh, no, no, no, no, no, querido, no pierdas los nervios!
-Sí, ya sé, 'porque los voy a necesitar'.
-¡Exactamente! ¡Muy bien! ¿Ves cómo vas entendiendo?
-Pues yo no entiendo un carajo.
-Ah, querida, tú también 'entenderás'.

Tres.
-¿Cómo lo has hecho al final?
-Sigue corriendo, que luego te lo explico.
-¿Nos metemos aquí?
-¡No, no, sigue! Pero tira un calcetín en ese conducto. Tenemos que distanciarnos mucho más y dejar pistas falsas.
-¡Agáchate!
-¿Qué pasa?
-Noto un pliegue.
-Tenemos que enterrarnos en la arena. ¡Ya!
-¡Uff! Ya ha pasado.
-Ha estado cerca. Por cierto, sé quién es nuestro histriónico personaje.
-¿Mente Kato?
-Sí.
-¡Anda ya! ¡Qué vas tú a saber! ¡Es un farol!
-A que te dejo aquí, a la intemperie. ¿Qué te juegas?
-Sabes que yo no juego.
-Claro, así te va.
-Bueno, Molly, no discutamos, anda. ¿Quién es Mente Kato?
-Ahora no te lo digo.
-Moooolly.
-Peeeeter.
-...
-Piensa un poco, para variar, Peter. Mente Kato es Kato y Kato es KT: Komputer Transfusion. Una I.A.
-¡No! ¡Una I.A., no!
-Y lo peor es que tenemos que engañarla.
-Pero eso es ciencia ficción.
-Peter, ay, Peter. ¿No te has dado cuenta todavía? TODO es ciencia ficción.
© Javier Auserd.

domingo, 7 de agosto de 2011

Averno.

13. La escalera de Jacob.
En Aleph me han puesto a llevar una existencia cotidiana rutinaria y aburrida afrontando sinsabores, percances con los vecinos, cotilleos, fugas de agua, accidentes imposibles, enredos absurdos, problemas económicos, malentendidos, equívocos, malvados humanos meticones y molestos, madrugones, metros y cercanías apestosos, jefes incompetentes, compañeros y amigos falsos y traidores y todas esas cosas tan corrientes en la Tierra. Pero no puedo soportarlo y por la noche tengo que llevar una doble vida.
Las sombras del gas, blanquecino como niebla, van cubriendo las estaciones. Molly y yo, con trajes de policloropreno y dispositivos respiratorios incorporados, caminamos entre los raíles para extender el ataque químico local a todos los rincones de la red del ferrocarril metropolitano de Nueva Jacob. Trabajamos para el Consorcio Exterminador SMFDP (Stampas at Poors, Mobbings, Fich, Dragons y Plumbs). Hacemos trabajos de fumigación contra las familias de mendigos sin techo que se refugian en las estaciones del metro. Ahora estoy del lado bueno. Ahora estoy del lado de los poderosos. Al fin voy por el buen camino. Ahora ganaré.
Gracias a los implantes Molly y yo no necesitamos dormir. De esa manera somos unos anodinos empleados públicos de día y unos activos agentes públicos especiales de noche con derecho a vacaciones pagadas en Plastic Beach cuando menos se mira.
Cuando terminamos, avisamos a los servicios de limpieza que bajarán con máscaras a retirar los cuerpos y tirarlos a un hoyo en un descampado, lo taparán y sembrarán cardos violetas encima. En Nueva Jacob ya hay muchos descampados llenos de cardos violetas.
Una noche vamos a un edificio abandonado, una enorme fábrica de latas de conservas que ahora es el cuartel general de los desarrapados. Nos acompañan diez escuadrones bien armados. El jefe esta vez ha decidido achicharrarles vivos (ha dicho jocosamente que será la operación barbacoa) con lanzallamas láser de doble espectro antes de demoler lo que quede del inmueble que está en las afueras en una zona no residencial, los bomberos están avisados y no acudirán a las llamadas de los colonos más próximos, si las hubiera. Empezamos sellando todas las puertas y ventanas con campos de fuerza electromagnéticos. Luego lanzamos granadas incendiarias que los atraviesan pero no pueden salir. Nos ponemos música por los auriculares para no oír los molestos chillidos de los ancianos, enfermos, mujeres y niños que pueblan (por poco tiempo) el interior de la fábrica. Entonces, en plena 'barbacoa', me doy cuenta que hay una escalera metálica de incendios que da a un callejón a la que se están quedando literalmente pegados los okupas que intentan escapar por allí. Ninguno lo consigue, pero es un espectáculo dantesco y desagradable incluso para nuestras personalidades insensibles y perturbadas. De modo que ajusto el láser y los voy desintegrando uno a uno. Pero uno de ellos ha conseguido, no puedo entender cómo, llegar arriba del todo. Es una patética antorcha humana que, con los brazos abiertos, invoca a un dios de los mendigos para que les salve y nos aniquile. Pobrecillo, solo allí arriba, implorando a la Nada, parece creerse un Jacob. Dura poco. Aunque su resplandor es intenso y anaranjado, brilla unos instantes en lo alto de la escalera y se apaga. Los escuadrones ya están entrando para terminar manualmente el trabajo.
La operación ha sido un éxito. La crueldad del ser humano es infinita, pero ¡¿qué más da?! Esta noche cenaremos de maravilla en Plastic Beach y tomaremos agradables drogas anestésicas a cuenta del Jefe, como los buenos ganadores que somos.
© Javier Auserd.

martes, 2 de agosto de 2011

Averno.

12. Destino.
Sentado en la sala de espera, moviendo la pierna derecha por un tic que se le había quedado de cuando la mina de estroncio, Peter repasaba mentalmente todas sus experiencias vitales y concluía recordando con cariño y nostalgia a todos sus enemigos. Incluso Paramecio (de quien ahora no estaba seguro de que no se tratara del personaje de alguna película o de una pesadilla) le parecía menos odioso de lo que le había venido considerando. Y los demás tampoco fueron tan malos, sólo cumplían su papel escrito por guionistas locos o, al menos, trastornados, no podían evitar ser malos, no tenían libre albedrío. Y todas las circunstancias adversas habían sido casualidades.
Revivió el instante del muelle de tablas que se hundió en el lago mientras explotaba el Arca de Noé.
Recordó un combate en el desierto del Sáhara en el que Paramecio le apuñaló por la espalda lo que favoreció que un bandido le seccionara el intestino.
Rememoró la picadura de un escorpión y que el escorpión murió por el veneno que Paramecio le había hecho beber minutos antes.
Recitó la oración de Manasés antes de asaltar The African Queen en el Caribe.
Replicó al portero tragaldabas de la Tyrell Corporation.
Evocó la conexión con Radio Exterior del Arca de la Alianza.
Refundó el Aleph.
Repitió la contraseña delante de la Cueva de Alí Babá en las entrañas de Moria.
Recuperó la piedra de bauxita que se le había caído saliendo de las Minas del Rey Salomón en Ucrania.
Resolvió el asesinato de Trotsky.
Recogió el anillo de Jesucristo de una alcantarilla de Jerusalén.
Reconstruyó una copa de cristal de Bohemia del Titánic.
Suspendió en Historia Sagrada persa.
Ascendió al monte Olimpo de 2002 VE68, la luna de Venus.
Modificó la torre de Babel.
Ocultó el algoritmo de Hooke para potenciar el sabor del curry del solomillo con boletus.
Sintió el veneno de una espina de la Rosa de Alejandría.
Cayó al pozo de la tumba de Abrám.
Apostató del Zen marxista leninista de Nietzsche.
Soñó en swahili.
Y despertó en la misma sala de espera donde esperaba su nuevo destino sentado en una silla de estación de autobuses.
De repente oyó por megafonía (¿o sólo lo oía él?) un mensaje: (ding, dong) 'Pasajero con destino oculto diríjase a la puerta de embarque número uno' (ding, dong), 'Repito, puerta número uno' (ding, dong).
Se levantó muy despacio y fue hacia la puerta número uno rezando la oración de Manasés:

1: Oh Señor Todopoderoso,
Dios de nuestros antepasados,
de Abraham y de Isaac y de Jacob
y de sus justos descendientes;
2: Tú, que hiciste el cielo y la tierra
con todo su orden;
3: Quién encadenaste el mar por Tu mandato,
que confinó lo profundo y que sellaste con Tu terrible y glorioso Nombre;
4: en Quién todas las cosas se estremecen,
y tiemblan ante Tu poder,
5: porque Tu esplendor glorioso no se puede aguantar,
y la cólera de Tu amenaza para los pecadores es incalculable;
6: sin embargo, inmensurable e inalcanzable
es Tu misericordia prometida,
7: Tú eres el Señor Altísimo,
de gran compasión, continuo cuidado, y muy misericordioso,
y Tú te aplacas ante el sufrimiento humano.
Oh, Señor, de acuerdo a Tu gran bondad,
Tú has prometido arrepentimiento y perdón
a los que han pecado contra Ti,
y en la multitud de Tus misericordias
Tú has designado el arrepentimiento para los pecadores,
para que puedan ser salvados.
8: Por lo tanto Tú, Oh Señor, Dios de los justos,
no has designado el arrepentimiento para el justo,
porque Abraham, Isaac y Jacob, no pecaron contra Ti,
pero Tú has designado el arrepentimiento para mí, que soy un pecador.
9: Porque los pecados que he cometido son más en número que la arena del mar;
mis transgresiones son multiplicadas, Oh Señor, son multiplicadas!
No soy digno mirar para arriba y ver la inmensidad del cielo
debido a la multitud de mis iniquidades.
10: Me siento pesado, como atado con muchas cadenas de hierro,
y por eso soy rechazado debido a mis pecados,
y no tengo ningún alivio;
porque he provocado Tu cólera
y he hecho lo que es malvado a Tus ojos,
creando abominaciones y multiplicando ofensas.
11: Y ahora doblo la rodilla de mi corazón,
implorando Tu amabilidad.
12: He pecado, Señor, he pecado,
y reconozco mis transgresiones
13: Honestamente Te imploro,
perdóname, Oh Señor, perdóname!
No me destruyas por mis transgresiones!
No estés enojado conmigo para siempre, o me guardes rencor;
no me condenes a las profundidades de la Tierra.
Porque Tú, Oh Señor, eres el Dios de los que se arrepienten.
14: Y en mí Tú manifestarás Tu bondad;
porque, indigno aun como yo soy, Tú me salvarás de acuerdo a Tu gran misericordia
15: y yo Te alabaré continuamente todos los días de mi vida
Porque toda la multitud del cielo canta Tu alabanza
y Tuya es la gloria para siempre. Amén.

Ya se figuraba a dónde iba. Iría a Aleph.
© Javier Auserd.